La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ejecutó el 1 de julio la clausura total y definitiva del basurón municipal de Mazatlán, Sinaloa, un sitio con más de 40 años de operación, un incendio activo de tres días, una multa previa de 52.5 millones de pesos pagada en 2023 y un procedimiento administrativo por incumplimiento ambiental abierto desde 2022. El Ayuntamiento respondió que no acatará la clausura porque cuenta con un amparo otorgado el 25 de junio. Mientras tanto, entre 700 y 800 toneladas de basura esperan destino cada día en el municipio con mayor afluencia turística del estado.
Cuarenta años de prórroga: el problema que se heredó administración por administración
El secretario del Ayuntamiento, Moisés Ríos Pérez, explicó un dato que define la escala estructural del problema: el basurón de Mazatlán tiene más de 40 años de operación, y la norma ambiental que regula este tipo de instalaciones entró en vigor en 2003, cuando el sitio ya operaba. Desde entonces, distintas administraciones municipales —según reconoció el propio delegado de la Semarnat en Sinaloa, Renato Ocampo— han postergado la solución definitiva con la aquiescencia de las autoridades federales, que durante años actuaron como conciliadoras para alargar los plazos. En 2022, la Profepa inició el procedimiento administrativo formal. Una multa previa de más de 100 millones de pesos fue impugnada y reducida a 52.5 millones, que la administración del entonces alcalde Édgar González pagó al SAT. En 2023 se iniciaron trabajos de regularización (celdas de confinamiento y compactación), pero el delegado de la Profepa, Marco Moreno León, precisó que esos avances no fueron suficientes para cumplir la normatividad ambiental. El incendio que comenzó el lunes 29 de junio — cuyas causas siguen sin determinarse — puso en evidencia, según la propia Profepa, el nivel de descontrol existente en el sitio, y fue el detonador inmediato de la clausura.
La clausura y el amparo: dos actos jurídicos vigentes al mismo tiempo
El 1 de julio, personal de la Profepa instaló los sellos de clausura total y definitiva en el acceso al basurón, ubicado en el ejido de Urías, al sur de la ciudad. Poco después, alguien cubrió el sello con un material blanco — el secretario del Ayuntamiento dijo desconocer quién lo hizo. El Ayuntamiento, representado por la alcaldesa interina Minerva Osuna Zavala y el secretario Ríos Pérez, argumentó que la clausura no tiene efectos legales porque la Primera Sala Especializada en Materia Ambiental y de Regulación les otorgó un amparo el 25 de junio, con número de expediente 282/26-EAR-01-04 — otorgado cuando la propia Osuna Zavala se desempeñaba como síndica procuradora y lo promovió en el marco de una demanda por acciones colectivas. La Profepa, por su parte, sostuvo que estaba legalmente obligada a ejecutar la clausura porque los plazos del procedimiento administrativo se habían agotado, y que de no hacerlo incurriría en omisión. Ambas posiciones — la clausura federal y el amparo municipal — son simultáneamente válidas desde la perspectiva jurídica de cada parte, lo que sitúa el conflicto en el ámbito judicial, no en el operativo. El delegado de Profepa confirmó además que el Ayuntamiento fue sancionado económicamente, aunque el monto no puede darse a conocer mientras el procedimiento legal continúa. El tesorero municipal, Julio César Ramos Robledo, dijo no tener notificación oficial de la clausura ni información sobre la multa al cierre de esta nota.
El problema operativo: ¿a dónde van 800 toneladas de basura al día?
La clausura plantea un problema de operación inmediata que la ciudad no puede ignorar: Mazatlán genera entre 700 y 800 toneladas de basura diariamente, cifra que puede superar las mil toneladas durante los periodos vacacionales — como el que comenzó precisamente esta semana. En ausencia del basurón, el Ayuntamiento habilitó de manera temporal una zona de contingencias dentro del mismo predio para depositar los desechos mientras dura el incendio. El Ayuntamiento confirmó que seguirá operando el sitio amparado en el recurso legal vigente, mientras Profepa indicó que dará seguimiento al destino final de los residuos para verificar que su disposición se realice conforme a la legislación ambiental. La Semarnat anunció que buscará un acuerdo con el Ayuntamiento para que se comprometa formalmente con una solución definitiva — el nuevo relleno sanitario cuya ubicación sigue sin resolverse.
¿Qué significa para el Cabildo?
- Los pasivos ambientales del municipio son una responsabilidad institucional del Ayuntamiento, no solo del alcalde en turno: cuando un sitio de disposición de residuos acumula décadas de incumplimiento normativo, multas y procedimientos administrativos, el Cabildo tiene la obligación de conocer el estado legal del sitio, los compromisos adquiridos con la Profepa y la Semarnat, y el plan concreto para su regularización o sustitución — y de exigir que esa información se presente en sesión formal con documentos verificables.
- La búsqueda de un nuevo relleno sanitario es una decisión de Cabildo, no solo del Ejecutivo municipal: la adquisición o habilitación de un terreno para un relleno sanitario que cumpla la NOM-083-SEMARNAT-2003 requiere acuerdo de Cabildo, presupuesto etiquetado y, en su caso, convenio con el gobierno estatal o federal; ninguna de estas acciones puede concretarse si el tema no está en la agenda formal del cuerpo edilicio con seguimiento documentado en actas.
- El amparo como herramienta de gestión del tiempo tiene límites: usar un recurso de amparo para postergar el cierre de un sitio que incumple la norma ambiental es una estrategia legítima a corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo; el Cabildo debe exigir que el amparo vaya acompañado de un cronograma concreto y públicamente verificable para la habilitación de un sitio de disposición alternativo, de modo que el municipio no dependa indefinidamente de un recurso judicial para operar un servicio público básico.
Fuentes: Punto MX | Revista Espejo | Ríodoce – Clausura | Ríodoce – Tesorero | Los Noticieristas – Amparo | Noroeste | Quadratín Sinaloa





